Entre los guetos y el mainstream: ¿cómo el tatuaje es visto hoy?

By Victória Netto

El sonido de la máquina que, en el aula al lado marca la piel de alguien, es tan característico como las canciones de rock que tocan en la recepción, donde hay varias telas y dibujos fijados en las paredes y donde una chica con algunos tatuajes dispersados por el cuerpo me recibe para la entrevista.

El tatuaje es todo menos una novedad: su origen remonta al comienzo de la civilización, y el registro más antiguo del tatuaje fue descubierto, en 1991, en un cadáver congelado en los Alpes de un hombre que vivió en la Edad del Cobre. Llamado de “Otzi” por los expertos, los restos mortales del hombre datan de 3.300 años a.C. En su cuerpo fueron encontrados 57 tatuajes, y se supone que los dibujos hayan sido creados a partir de la fricción del carbón en cortes verticales hechos en la piel.

 

“Uno de los objetivos sería permitir al individuo registrar su propia historia, llevándola en la piel en sus constantes desplazamientos”, afirma la artista plástica brasileña Célia Maria Antonacci Ramos, autora del libro Teorias da Taguagem (“Teorías del Tatuaje”, sin traducción para el español). La práctica se difundió por todos los continentes con finalidades distintas: rituales religiosos, identificación de grupos sociales, marcación de prisioneros y esclavos (como el tatuaje era usado por el Imperio Romano), ornamentación e incluso como camuflaje. En el Occidente, la técnica fue prohibida por el cristianismo, y solo se redescubrió la tradición en 1769, cuando el navegador inglés James Cook realizó su expedición a la Polinesia y registró la costumbre en su diario de bordo: “Hombres y mujeres pintan sus cuerpos. En su lengua, ellos le llaman a eso de tatau. Injetan pigmento negro sobre la piel de tal modo que el trazo se torna indeleble”.

En 1891, el inventor Samuel O’Reilly patentó la primera máquina eléctrica de tatuaje del mundo. Así, al final del siglo 19, hemos pasado de la manera artesana de hacer dibujos en la piel a los estudios de tatuaje, lo que ha aumentado mucho las posibilidades de esa intervención estética. Y ganó publicidad. De los marineros en los puertos, la técnica ocupó los centros de las ciudades y el interior, convirtiéndose en una forma de expresión de grupos de contracultura y veteranos de la Segunda Guerra Mundial.

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Comienzo de los estudios de tatuaje. Foto: reproducción

“Hasta los años 80 era un arte underground, asociado a grupos en específico, principalmente a los musicales, como rock, rap o punk. La fuerza de la publicidad, con ídolos de la cultura pop llenos de tatuajes, contribuyó para popularizar lo que antes era un fenómeno muy centrado”, cuenta el tatuador brasileño Eduardo de Mingo, 55 años, que ha venido a Madrid para un evento de tatuajes. “El tatuaje comienza realmente a ser un fenómeno social a partir de los años 1990 y 2000, cuando programas de televisión como Ink Master empezaran a mostrar el lado artístico del dibujo en la piel”, complementa.

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El tatuador brasileño Eduardo De Mingo, 55 años,  trabaja haciendo tatuajes desde hace 30 años. Foto: Andressa Machado

Hoy el tatuador es cada vez más un artista, estudiando nuevas técnicas y perfeccionando nuevos estilos. Del old school, al primitivo, biomecánico, realístico, asiático, mórbido, horror, flash, integral, acuarela, puntillismo, las posibilidades son ilimitadas e increíblemente sofisticadas. Un ejemplo es Sara Martínez, 26 años, que me recibe en el estudio donde trabaja en una zona más lejana del centro de Madrid. Estudiante de artes plásticas, los tatuajes siempre le han encantado. Hoy, lleva 1 año y medio extendiendo su arte a la piel de las personas, haciendo dibujos de línea única. “Yo me inspiro mucho en otros tatuadores también, y lo que más me atrae es buscar trazos delicados y precisos, como los que quiero hacer”, afirma.

 

De los discretos hacia los que cubren todo el cuerpo, los tatuajes están por todas partes. “Ahora creo que sólo se tiene prejuicio con los tatuajes feos”, dispara Eduardo de Mingo en medio a risas. La verdad es que, históricamente en las sombras, este arte se ha popularizado al mainstream. Hoy, el tatuaje es tan accesible que no es sólo el signo de un recuerdo, la marca de la intensidad de una vida, sino también un producto del consumo. ¿Y cuál será el futuro del tatuaje?

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